archivo prosa

Halston y la ley de la atracción (nº23)

escepticismo hereditario




Mucho antes de que El Secreto —el libro sobre la ley de atracción— y antes de que el verbo manifestar estuviera tan extendido, mi abuela decía que le gustaba usar el perfume Halston porque atraía el dinero. Era su perfume favorito. halston-jpeg


Y en estos días que estuve leyendo la correspondencia entre Julián Oslé y Carmen Martín Gaite, donde se muestran los dibujos de ella, sus collages y por supuesto, sus cartas escritas en servilletas, postales o pedacitos de hojas de cuaderno, estuve sintiendo una familiaridad y una calidez interior — digamos— por encima de la media.

Se debía —ahora entiendo — a que Carmiña me recordaba a alguien y yo no había dado con quién hasta que me puse a escribir esto que entonces no tenía la intención de ser material para la newsletter: Carmiña me recuerda a mi abuela.

Mi abuela Victoria nació en 1919 y aunque Martín Gaite era 6 años más joven, su parecido en mi opinión trasciende su contemporaneidad. No físicamente, se me parecen en lo pequeño:




la parte sobre leer

No quiero decir que la correspondencia de Carmiña no fuera un libro satisfactorio porque de muchas maneras lo fue; creo que su amigo Julián Oslé estaba sentado en oro todo este tiempo y que hizo un buen trabajo en ponerla a ella en el centro cuando buscó publicar esta recopilación, pero el contexto a las cartas que sí decidió incluir, se me quedó algo vacío de sentimiento y significado.

*

En la carta anterior hablé de Tove Ditlevsen, a quien todavía no supero, y que en sus memorias decía: «(…) iba de niña, de la mano de mi madre, aprendiendo cosas tan trascendentes como que un huevo en el Irma costaba seis céntimos; una libra de margarina, cuarenta y tres; y una libra de carne de caballo, cincuenta y ocho. Salvo con la comida, mi madre regatea con todo, y los comerciantes se retuercen las manos de desesperación y aseguran que de seguir así las cosas, tendrán que echar el cierre.»

Me hizo pensar en que hablamos menos de lo que me gustaría de estas herencias y estoy creando algo para ponerle remedio. Pronto les aviso.

Resulta que Victoria no iba desencaminada. Ya que puedo googlear fácilmente a Halston —el diseñador, no el perfume —, aprendo que tenía razón y que la historia del perfume está muy vinculada con la de Studio 54 de Nueva York, es decir, con gente fina y famosa codeándose en altas esferas.

(También aprendo que a este hombre le han hecho una miniserie de Netflix con Ewan McGregor —quien casi nunca se apunta a nada chimbo — y ahora estoy muy tentada a verla.)

Pero para apreciar correctamente el cariz cómico que esconde la afirmación de mi abuela sobre Halston y sus propiedades de atracción del dinero, hay que saber que ella no le hubiese creído ni los buenos días a Rhonda Byrne — la autora de El Secreto. Su aproximación al dinero era mucho más práctica y de forma activa, mucho más sobre hacerlo rendir y retenerlo que sobre atraerlo «porque quien guarda siempre tiene».

Puedo decir con bastante certeza que vengo de un árbol genealógico localizado en el pináculo del saber ahorrativo y confirmo que este conocimiento ha encontrado su camino hacia mí en más de una manera, con todos sus más y sus menos. Siendo el escepticismo tal vez, sólo tal vez, uno de los menos. O sopesar durante días si me compro unas agujas de coser tela vaquera de 3,97€ por si no les daré uso suficiente.

Por todo lo anterior, nunca he manifestado formalmente y me sostengo pues del plain old anhelo ¡ah! pero creo full en un chorrito de Halston —o similar — y en no poner la cartera en el suelo. [inserte meme de Drake]


Adriana


tags: